Personas | Una jornada con...

José Carlos Liberal, jefe de Operaciones en la instalación de Mérida
EN LAS MEJORES CONDICIONES. José Carlos trabaja para que la instalación de Mérida y los oleoductos próximos estén siempre operativos.

Su trabajo consiste en asegurar que la planta que dirige esté siempre operativa y en las mejores condiciones de seguridad. En su tiempo libre, es un aventurero al que le mueven los deportes de riesgo, como el paracaidismo.


Apenas lleva unos meses como jefe de Operaciones en la instalación de Mérida, pero José Carlos Liberal, tras dos décadas en la compañía, tiene la experiencia y el conocimiento necesarios para desempeñar sus responsabilidades con garantías. Transmite esa seguridad cuando, nada más comenzar la jornada, se reúne con su equipo para planificar y coordinar el día. “La buena comunicación es muy importante”, asegura.

Después, ya en su despacho, dedica tiempo a tareas administrativas, esenciales en su trabajo como responsable de la instalación: “Lo primero es poner al día el correo y responder a diversas solicitudes de otras áreas, como el envío de datos de actividad. Luego, entre otras muchas cosas, reviso el movimiento físico contable del día anterior y las posibles incidencias durante los relevos”.

“Mi misión es mantener la planta en condiciones seguras para que esté siempre operativa y funcione perfectamente”, explica. De hecho, la seguridad es una de sus prioridades y no escatima esfuerzos y recursos para garantizar cualquier actividad. Así se lo hace saber a las personas que están instalando unas válvulas de expansión térmica para las purgas de tanques.

"TENER GENTE MOTIVADA Y CON GANAS DE TRABAJAR ES UNA DE LAS CLAVES DEL ÉXITO, YA QUE FAVORECE QUE LLEGUEN LOS RESULTADOS"

Mientras regresa a la oficina, José Carlos afirma que la instalación va recuperando su ritmo normal después de unos meses duros. “Estamos retomando las obras que teníamos previstas y las cargas de camiones son cada vez mayores, casi a niveles de antes de marzo”, comenta. En este contexto, las tareas de mantenimiento son cruciales para que todo funcione como debe y se reduzcan los posibles riesgos. “Yo soy más de acción que de oficina, así que suelo ayudar en las tareas de campo, como el mantenimiento preventivo y correctivo de equipos o la revisión de la traza del oleoducto”, sonríe.

Antes de irse a comer, tiene una reunión (“virtual, como son ya la gran mayoría”) con compañeros de la agrupación Almodóvar- Alcázar-Mérida para tratar temas de operativa y formación: “A pesar de la distancia, el contacto es permanente, lo que nos ayuda a solucionar cualquier problema y desarrollar nuestro trabajo con más facilidad”.

Las tardes suelen ser menos ajetreadas y José Carlos aprovecha para terminar tareas que exigen más concentración, como el presupuesto de una obra que está terminando de afinar. Antes de irse, revisa los detalles de la visita que tendrá próximamente de personal de Intervención Fiscal y se acerca a la sala de control para dejar todo atado hasta el día siguiente y charlar un rato con el equipo. “Tener gente motivada y con ganas de trabajar es una de las claves del éxito, ya que genera un excelente ambiente de trabajo y favorece que lleguen los resultados”, asegura.

Volando alto

Esa filosofía de esfuerzo también la aplica en su vida privada, especialmente en el de-porte, quizás su gran pasión y al que dedica todo el tiempo que puede. Da igual la especialidad (“corro, hago trekking, carreras de montaña, bicicleta...”) siempre que le su-ponga un reto y le exija superarse.

EL PRIMER SALTO. Iba acompañando a su hermana, pero al final se animó. Un poco de teoría, mucha motivación y ningún miedo. Una experiencia genial que le ha cambiado la vida.

Desde pequeño le han gustado las actividades de riesgo y disfruta con las alturas. Por eso, cuando se le presentó la oportunidad de saltar en paracaídas, no lo dudó. “A mi hermana le habían regalado un salto y fui con ella. Una vez allí, me animé y a los pocos minutos ya estaba metido en la avioneta cogiendo altura”, recuerda. Había probado el puenting, pero saltar desde 4.500 metros de altura es otra cosa: “No tuve miedo, pero me impresionó mucho, sobre todo casi el minuto que estuve en caída libre”.

Le gustó tanto la experiencia que, de nuevo con su hermana, repitieron semanas después, esta vez con un salto desde 5.000 metros. “Estaba más preparado y fui más consciente de todo. Disfruté mucho y el monitor me dejó abrir el paracaídas y manejarlo bastante hasta que llegamos a tierra”, explica.

Además de realizar un tercer salto, que ya tenía previsto y que recientemente se lo cancelaron por mal tiempo, José Carlos está decidido a hacer un curso de perfeccionamiento para no tener que ir en tándem (atado a un monitor). “Quiero volar libre”, bromea.