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'Fake news' y la nueva gestión de la comunicación de crisis

En los últimos años, mandatarios como Putin o Trump han popularizado el término fake news (noticias falsas, en inglés). El actual escenario de esta desafortunada pandemia está siendo el abono perfecto para un término que, por desgracia, ya es familiar. Con la crisis sanitaria se han incrementado este tipo de 'noticias', pero este es un problema con el que ya venían luchando todos los sectores de la sociedad y que está aquí para quedarse.

A lo largo de la Historia siempre han existido noticias falsas, simuladas, bulos. La diferencia entre épocas pasadas y la actualidad es, por supuesto, Internet. Las desinformaciones son ya la principal preocupación comunicacional no solo de las compañías, también de las patronales y las federaciones que defienden los intereses sectoriales.

Hoy día todo aquel que quiera publicar algo, puede. Internet ha despojado a la prensa de su papel de intermediario en la publicación de información. La capacidad de generar mentiras y que lleguen a audiencias masivas parece estar a nuestro alcance. Las fake news se mueven en comunidades en la Red, polarizadas, poco conectadas entre ellas y que buscan informaciones que refuercen sus prejuicios (lo que se conoce como cámara de eco o sesgo de confirmación).

"En lugar de censurar, hay que fomentar el pensamiento crítico y el fact-checking (contrastar información)"

Dos datos muy ilustrativos:

• En los primeros 40 días de cuarentena se identificaron en torno a 450 fake news en España por parte de verificadores especializados. Esto supone más de 10 fakes al día. Las situaciones de crisis son un campo de cultivo para las noticias falsas.

• Estas noticias falsas se difunden seis veces más rápido que las ciertas, según el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts).

Las fake news erosionan nuestra sociedad. Primero fue la política y ahora es el turno de las empresas y de las personas individuales, sometidas a auténticas campañas falsas. La última forma de esta tendencia son los vídeos deepfake, que han pasado de reírse de los políticos a utilizarse para estafar a bancos. ¿Cómo combatimos estas fake news?

No podemos esperar la solución de lo tecnológico o lo judicial

Hay delitos que se cometen a través de la mentira (calumnias, injurias, etc.) pero toda acción contra una fake news se puede tomar a posteriori, una vez se ha emitido a la sociedad. Incluso así, las acciones judiciales no parecen ser una herramienta suficientemente rápida o efectiva para reparar el daño que causan y que tiene un efecto casi instantáneo.

Las redes sociales son el gran difusor de noticias falsas. Facebook o Google ya han tenido que rendir cuentas a Estados Unidos o la Unión Europea. Recientemente, Facebook anunció que mandaría mensajes de aviso a quien compartiera fake news y WhatsApp se situó en la polémica por limitar los reenvíos. ¿Dejamos entonces la solución a las compañías tecnológicas? ¿Les damos el poder de censura previo?

Un reciente estudio señalaba que Facebook no detecta hasta el 70% de noticias falsas en castellano y hasta a ellos se les escapan los deepfake más obvios. La solución tiene que ir más allá de algoritmos. Los grandes difusores de fakes somos los seres humanos, ya sean políticos o fake youtubers con audiencias millonarias equivalentes a las de un medio de comunicación.

Entonces ¿cómo abordamos una fake desde nuestra organización?

A nivel social, cualquier solución tiene que involucrar a las personas: microrresponsabilidad. En lugar de censurar, hay que fomentar el pensamiento crítico y el fact-checking (lo que en periodismo siempre ha sido contrastar información). Empoderar al ciudadano. Algo que ya hacen distintas iniciativas de verificación o plataformas dirigidas a periodistas como First Draft u otras más lúdicas como El Juego de los bulos, creada por investigadores de la Universidad de Cambridge que han identificado narrativas de desinformación para educar contra la manipulación.

La sociedad está en un proceso de ajuste. La solución a este problema es responsabilidad de todos: instituciones, prensa, empresas y ciudadanos. Combatir una fake es difícil, pero también totalmente necesario. Antes, los falsos rumores se clasificaban dentro de un nivel de riesgo cero, solo se aplicaba monitoring porque las empresas estaban convencidas de que eran fácilmente desmontables. Ahora, el riesgo es de nivel máximo. La respuesta nunca puede ser esperar a que pase la tormenta. Nos tenemos que proteger de esta amenaza al negocio, y hablando de lo verdadero y de lo falso... esta sí que es una amenaza ‘muy real’.