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Expatriados de regreso (urgente) a España

Cuatro personas de la compañía nos relatan cómo fue su precipitado regreso a España desde México, Ecuador y Reino Unido como consecuencia de los efectos de la COVID-19.


Javier Bonet, México

"El 5 de mayo era la fecha fijada para mi vuelta definitiva a España desde Ciudad de México, donde vivía con mi mujer y los cuatro gatos que adoptamos cuando estuve trabajando en Omán. Pero explotó el asunto del coronavirus y se hizo evidente que tendríamos que adelantar el viaje. Nos inquietaba la salud, pero también nuestra seguridad y la incertidumbre del momento. En ese instante se nos presentaban dos desafíos: cambiar los billetes y agilizar los trámites para poder llevarnos a los animales.


Era 21 de marzo y, gracias a la extraordinaria ayuda de los compañeros de oficinas centrales, en particular de Nieves Lamata y, muy especialmente, de Rosa María Cipriano, de la agencia de viajes Globalia, que nos ayudó encontrándose en circunstancias muy difíciles, conseguimos plazas para dos días después, por lo que apenas tuvimos tiempo para prepararlo todo, mudanza incluida. Aún no teníamos los documentos de los gatos y empezamos a pensar que, por los plazos de tramitación, no lo lograríamos, pero al final, después de mucha preocupación, lo conseguimos.

Ya en el aeropuerto, con seis pesadas maletas y nuestros gatos, nos enteramos de que había orden de no dejar entrar a España más que a españoles y casos excepcionales, por lo que mi mujer, francesa con residencia en México, podía quedarse en tierra. “No puede ser”, pensamos. Empezamos a buscar soluciones y, gracias a que llevábamos encima documentos personales de hace años, pudimos demostrar que habíamos residido en Barcelona y nos permitieron embarcar.

Pasamos muchos nervios, pero cogimos el vuelo y llegamos a Madrid, donde un coche nos esperaba para llevarnos a Cartagena y empezar una nueva etapa en nuestra vida".


Jesús Ropero, Ecuador

"En Guayaquil, Ecuador, no estaba muy preocupado por la COVID-19, pero el 15 de marzo recibí una llamada de la dirección para valorar mi regreso a España. Tras hablar con mi familia y analizar la situación con Bernardo Santos, responsable de la instalación de Guayaquil, decidí quedarme. Al día siguiente, desayunando en el hotel donde vivía, saltó la noticia de que el país iba a cerrar sus fronteras, lo que cambiaba las cosas.


Fui a la instalación y contacté con la agencia de viajes, a la que tengo que agradecer su increíble respuesta al conseguirme un vuelo para ese mismo día. También a Iván Saco, que me llamó para avisarme de la situación, y a Natalia Garcia, que se preocupó mucho en todo momento. Regresé al hotel y, como no tenía muchas pertenencias personales, recogí rápido y me fui al aeropuerto. Me llamó la atención la cantidad de gente que había, igual que en el de Bogotá, donde hice escala. Todos éramos europeos buscando una vía para regresar a nuestros países.

El viaje se hizo muy largo; estaba aliviado por regresar, aunque triste por dejar a mis compañeros en una situación tan complicada. Para mí, los aeropuertos son sitios de alegría, pero al llegar a Madrid la sensación fue desoladora. Cogí otro vuelo a Alicante, donde me esperaba mi mujer para, finalmente, llegar a casa con mi familia".


Ricardo Gutiérrez y Mª. José Bartolomé, Reino Unido

Ricardo: "En nuestro caso, la aventura en CLH-PS, tras cinco años, tocaba ya a su fin. La idea era hacer un primer viaje el 29 de marzo para preparar nuestra casa de Madrid para el futuro desembarco y volver a Londres en Semana Santa para hacer la mudanza. Las noticias de España eran preocupantes, pero en Reino Unido la vida no había cambiado apenas nada por el coronavirus, por lo que nos encontrábamos en una situación relativamente cómoda. Sin embargo, todo cambió cuando nos comunicaron que nuestros billetes de vuelta a España se cancelaban y los rumores de cierre de fronteras crecían. Hablamos varias veces con personas de la oficina central y, tras mostrarnos su preocupación, decidimos que lo mejor era volver cuanto antes, ya que, en nuestra situación, Maria José embarazada de seis meses y Andrés a punto de cumplir de 2 años, el cierre de fronteras podía cambiar nuestros planes de futuro. Finalmente, cambiamos los billetes para el día 22 y cogimos lo imprescindible en dos maletas para poder sobrevivir al confinamiento".

Queremos dar las gracias a Nieves Lamata, que estuvo muy pendiente desde el primer momento; a Jorge Lanza y Nacho Casajús, quienes más nos mostraron su apoyo con la decisión que tomásemos; y a nuestros futuros equipos (Ingeniería y Desarrollo de Negocio), que nos facilitaron el aterrizaje dándonos total libertad para acomodarnos.


Mª José: "En el aeropuerto de Heathrow, nos sorprendió que casi nadie llevaba guantes ni mascarilla y el ambiente era totalmente normal. Lo que más nos preocupaba, para evitar el contagio, era que Andrés no se bajara del carro y tocara todo, como cualquier niño de dos años, lo que conseguimos ocupándole sus manos con juguetes nuevos. Estuvimos tan focalizados en el niño y trabajando, que el tiempo se nos pasó deprisa, tanto antes como durante el vuelo. Ya en Madrid, nos invadió la tristeza al ver el aeropuerto y la ciudad casi vacías. También por no haber tenido ocasión de despedirnos de compañeros y amigos, debido a lo preci­pitado de nuestra vuelta. En condiciones normales pensaría que ya habrá tiempo para eso, pero con la llegada del nuevo bebé, ¡la despedida se hará esperar! Muchos de nuestros muebles y enseres seguían, y siguen, en Reino Unido, pero noso­tros ya estábamos en casa".