Personas | De viaje por...

Kenia y Tanzania

Hasta el pasado verano culpaba al Rey León de mis altas expectativas sobre África. Ahora puedo afirmar con rotundidad que los hipopótamos no son esos entrañables animales que anunciaban pañales, Hakuna Matata significa literalmente “no hay problema” en suajili y, lo mejor de todo, ¡Pumba existe!


Por favor, dime que eres tú la otra chica que viaja sola. Tienes pinta de maja —me preguntó una sonriente y visiblemente cansada cabecita que asomaba desde el asiento anterior en el vuelo con destino a Nairobi…

…y así comenzaron mis particulares “Memorias de África” y la amistad con una persona tan parecida como diferente a mí, que me encantó.

Cinco horas después de aterrizar, empezó nuestro peregrinaje hacia la caldera del Ngorongoro, cuya primera parada fue el lago Naivasha.


Si tenéis previsto recorrer el Serengueti en camión, preparaos para tragar polvo, aprended algo de mecánica y cargad la mochila de paciencia porque recorrer 100 kilómetros puede suponer varias horas.


Fueron quince increíbles días viajando por tierra mar y aire. No imaginaba que uno de mis mejores amaneceres sería sobrevolando Masái Mara en globo, ni que se pincharía hasta la rueda de la avioneta. Tampoco que dormiríamos arrullados por las hienas. Y sí, en tiempos de Instagram, el león sigue siendo el rey de la sabana. Por primera vez en la vida conseguí no dormirme, sino todo lo contrario, con los documentales de La 2.


Uno de los momentos más emotivos fue la visita al lago Victoria. En el grupo tuvimos la suerte de contar con un par de médicos que, por su cuenta, cedieron gran parte de los medicamentos básicos que llevaban en sus equipajes, que no pudieron caer en mejores manos.


Nuestra última parada fue Zanzíbar, la isla de las especias, ínsula natal de Freddie Mercury. Su terrible pasado esclavista, bañado por el enigmático y paradisiaco océano Índico, me dejaron sin aliento.

Sin duda volveré, pero seguramente de otra forma. No sabría cómo describirlo, pero me sentí infinitamente feliz y ridículamente extravagante. No parece muy justo que unos pocos vayamos a vivir aquello con lo que otros no podrían ni soñar.