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Israel, un país con mucha historia
EN FAMILIA. Zacarías, su mujer y su hija, con Jerusalén al fondo.

Israel siempre ha sido un país que me ha atraído, pero las imágenes que habitualmente salen por televisión no me animaban a ir allí de vacaciones. Un día mi mujer me planteó ir a conocerlo en un viaje de una semana. Al principio fui reticente, pero me habían comentado que merecía la pena y que estaba tranquilo, así que me dije: “¿por qué no?”.

Tras aterrizar en Tierra Santa y pasar los necesarios trámites de entrada, nos dirigimos al norte, al mítico puerto de Haifa, cuyas vistas desde la parte superior de la ciudad merecen la pena por su espectacularidad. Tras una rápida visita, viajamos a Nazaret, donde estuvimos tres días. Me recordó mucho a lugares como Túnez o Egipto por la algarabía constante, el tráfico increíble y un calor sofocante.

Desde allí fuimos a Caná de Galilea, donde visitamos la Basílica de la Anunciación y el mítico monte Tabor, con sus sensacionales vistas. Al día siguiente nos esperaba una dura jornada, ya que por la mañana conocimos Banias, la Cesárea de Filipo de los evangelios y renovamos las promesas bautismales junto al río Jordán, en la frontera con Líbano y Siria. Tras reponer fuerzas, pasamos la tarde en Cafarnaúm, admirando los restos de la casa del apóstol Pedro y de la sinagoga del siglo IV. Un paseo en barco por el mar de Galilea marcó el final de un día perfecto, con anécdota incluida: al levantar ancla el capitán, arrió la bandera de España y puso el himno nacional a todo volumen.

“Jerusalén fue una de las partes más interesantes por la cantidad de lugares a visitar y las sensaciones que íbamos a experimentar” Belén y Jerusalén

En la siguiente etapa del viaje nos adentramos en la región de Cisjordania para conocer, en primer lugar, Belén, administrada por la Autoridad Palestina. Es un sitio muy importante para los cristianos, pues, según la Biblia, es el lugar de nacimiento de Jesús de Nazaret. También lo es para los judíos, ya que allí nació el rey David. La ciudad trasmite una atmósfera de tranquilidad inquietante, como demuestran los muros y puntos de acceso. Piensas que algo va a pasar, pero no tuvimos ningún problema. Además de por su significado, siempre la recordaré porque allí me tomé una cerveza extraordinaria. Fue en una cooperativa cristiana donde tallan el olivo. Estaba agotado de tanto bajar y subir cuestas y en la puerta dije ‘hasta aquí hemos llegado’. El personal, muy amable, me sacó una silla, me senté y me puse hablar con ellos en inglés. La amabilidad de esta gente durante todo el viaje me impactó.

HISTORIA VIVA. Vista de la ciudad de Haifa (izquierda) y la Vía Dolorosa, en Jerusalén.

Tras Belén llegó el turno de conocer Jerusalén (Ain Karem), sin duda una de las partes más interesantes de nuestro viaje por la cantidad de lugares que visitar y las sensaciones que íbamos a experimentar. La capital de Israel está llena de contrastes entre su parte moderna y la más antigua, siendo un lugar muy importante para cristianos, judíos y el islam, lo que hace que parezcan tres ciudades en una. Te podrías perder en Jerusalén durante una semana que no te encontrarían: la parte árabe, las callejuelas llenas de gente, la zona armenia… En ella, por cierto, cenamos fenomenal gracias a la excelente recomendación de un compañero de CLH.

Entre los lugares que visitamos destacan las iglesias de San Juan Bautista y de la Visitación, así como el Museo de Israel, donde no hay que perderse la impresionante maqueta de la Jerusalén del s. I. También conocimos el monte Sion, con el Cenáculo y la Basílica benedictina de la Dormición de la Virgen y, por supuesto, el famoso Muro de las Lamentaciones. Aquí, como en buena parte de Israel, el nivel seguridad es muy alto y tuvimos que pasar un control como si fuéramos a embarcar en un avión. Nos quedamos con ganas de visitar la Explanada de las mezquitas, pero otra vez será, porque volveré a esta tierra algún día.

TRES EN UNA. Jerusalén es una ciudad muy importante para cristianos, judíos y musulmanes y eso se refleja en sus calles.

La historia de Jesús

Otro lugar que tenía muchísimas ganas de conocer es la famosa Vía Crucis, siguiendo la Vía Dolorosa hasta el Santo Sepulcro, que me impresionó enormemente por su magnificencia. La Vía Dolorosa no deja de ser una calle del viejo Jerusalén, próxima a la puerta de Damasco y que baja en cuesta hasta el Monte de los Olivos. Forma parte del trayecto que hizo Cristo con la cruz a cuestas camino para ser crucificado. Hay 15 estaciones del llamado Vía Crucis. Aunque no seas cristiano, merece la pena vivirlo.

A la izquierda, el Santo Sepulcro. A la derecha, cartel de acceso al Palacio de Hisham (el monumento islámico más importante de Palestina.

En Jerusalén vivió Jesús de Nazaret sus últimos días, a los que nos acercamos visitando lugares tan simbólicos como Betfagé, la Capilla de la Ascensión, la gruta del Pater Noster, Getsemaní, la iglesia de la Tumba de María y el Huerto de los Olivos. Hay mucho que ver. Desde el Monte de los Olivos las vistas de la ciudad, con la cúpula dorada de la mezquita sobresaliendo, son realmente impresionantes. Finalizamos el día en Nablus, donde visitamos el Pozo de Jacob en la Iglesia del encuentro de Jesús con la Samaritana.

De vuelta a Jerusalén, ya sin tiempo para más pues regresábamos al día siguiente, nos fuimos a dormir con la sensación de haber vivido experiencias que nunca olvidaríamos.