Personas | Las dos caras

Una nueva vida para los galgos
TODO POR LOS GALGOS. Antolín (de pie, en el centro) y la asociación Galgos 112 trabajan para ofrecer una segunda oportunidad a galgos recuperados.

Antolín Jiménez, técnico de Control de Entradas de la zona Nordeste, colabora con la asociación Galgos 112 para ofrecer una segunda oportunidad a perros sobreexplotados y maltratados.


Un propósito de año nuevo se convirtió para Antolín Jiménez, técnico de Control de Entradas de la zona Nordeste, en una realidad que le acompaña desde hace tres años. Su conciencia con la sociedad y el entorno le habían llevado a colaborar con asociaciones como Greenpeace o a ayudar en la limpieza de las costas gallegas tras el desastre del Prestige. Pero necesitaba un compromiso mayor y lo encontró el primer día del año 2016, viendo a dos galgos mientras hacía deporte. “Vi que eran de Galgos 112, una asociación muy activa en mi zona, y pregunté a sus dueños”, recuerda. Desde entonces se ha convertido en un activista de la defensa de estos animales, ayudando a difundir su dura realidad y acogiendo en su casa de forma temporal a perritos que son recuperados de una vida de maltrato y futuro desolador.

¿Qué es Galgos 112?

Es una asociación creada en 2008 en Girona por un grupo de personas con una finalidad común: contribuir en el reconocimiento de los perros lebreles, galgos y podencos como animales de compañía en España y en el mundo, además de dar visibilidad a la situación que afecta a muchos de ellos con el fin de cambiarla.

¿Cuáles son sus objetivos?

Los perros de caza en general, y los galgos y podencos en particular, son considerados por muchos como una simple herramienta. Muchos sufren maltrato y sobreexplotación, pero lo peor es que una vez que dejan de ser útiles son abandonados o, con demasiada frecuencia, mueren de forma trágica. Galgos 112 trabaja para dar la vuelta a esta situación mediante la concienciación social. Para ello, ha ido incrementando su presencia en todo el país, con voluntarios en muchas provincias y colaborando con entidades similares de otros países.

“Luchamos para lograr que los perros de caza no sean considerados como herramientas sino como los seres vivos que son” ¿En qué ámbitos se trabaja?
VELANDO POR LA CALIDAD DE PRODUCTO. Antolín es técnico de Control de Entradas de la zona Nordeste

En primer lugar, colaboran en la adecuación y cumplimiento de la legislación referente a animales de compañía en el ámbito municipal, autonómico, estatal y comunitario, además de denunciar situaciones de maltrato y explotación. Asimismo, elaboran y desarrollan programas educativos destinados a diferentes rangos de población. Debido a las necesidades actuales, la asociación dedica la mayor parte de su tiempo al rescate, recuperación y, finalmente, a la gestión de las adopciones, que permiten a estas razas la oportunidad de vivir en un hogar como animales de compañía. Al ser una ONG, la asociación no recibe subvenciones y dependen completamente del dinero obtenido mediante la aportación periódica de socios, donaciones puntuales o la venta de merchandising tanto en stands solidarios como a través de su web.

¿Cómo empezaste a colaborar?
EN LA MEJOR COMPAÑÍA. Antolín comparte su vida y sus momentos de ocio con su galgo, Electra.

Mi mujer y yo queríamos involucrarnos de manera activa en alguna causa. Siempre nos habían gustado los animales y queríamos que fuera algo relacionado con ellos. Conocía a Galgos 112 por haber visto a gente paseando con galgos que llevaban ropa de invierno con el logo de la asociación. Un día, haciendo deporte, vi a dos chicas con unos galgos y me interesé. Lo que me contaron me animó a buscar información y, finalmente, nos decidimos a realizar una adopción. Fue a comienzos de 2016 cuando acogimos a Electra, un galgo hembra utilizado como sparring de peleas que lo había pasado muy mal y con la que íbamos a estar un par de meses. La cosa fue tan bien que finalmente decidimos adoptarla y ahora forma parte de nuestra familia.

¿Cuál es tu aportación?

Además de colaborar económicamente, ya he realizado varias acogidas de galgos. Cada vez que la asociación recupera animales, busca familias para acogerlos de forma temporal. Es un periodo muy importante, ya que aprenden a vivir con una familia como animales de compañía y reciben el tratamiento veterinario que precisen, se esterilizan y se les coloca el chip identificativo. Cuando están preparados para ser dados en adopción, se les busca un hogar definitivo. Es duro porque tienes que despedirte de un animal con el que has convivido y al que acabas cogiendo mucho cariño, pero también es muy gratificante saber que va a tener una nueva oportunidad. Las personas que colaboramos tenemos contacto permanente y nos echamos una mano cuando se necesita cuidar unos días de un perro, llevarlo al veterinario o ayudar en cualquier imprevisto que surja. Igualmente, cuando el tiempo me lo permite, ayudo a la asociación a visibilizar su actividad en eventos o difundiendo su labor en redes sociales.

¿Te ha cambiado la experiencia?

Siempre he sido una persona concienciada y sensibilizada con la naturaleza y los animales, pero con el tiempo te das cuenta de que esto es casi una guerra perdida y da mucha pena. Pero también es una motivación para seguir luchando y lograr que los perros de caza no sean considerados como herramientas sino como los seres vivos que son. En cualquier caso, cuando te metes en este mundo te das cuenta de la cantidad de gente que se involucra y pelea por los derechos de los animales. También tomas conciencia de la responsabilidad que supone tener un animal, aunque muchos todavía lo ven como un capricho del que se pueden desentender cuando quieran.