La revista de la gente de
Número 35 - Tercer trimestre 2014

Degeneración macular asociada a la edad
Esta alteración degenerativa de la retina es la primera causa de ceguera irreversible en personas mayores de 55 años. Aunque se trata de un problema crónico, ciertos hábitos saludables contribuyen a frenar su desarrollo o, incluso, evitar su aparición.

 

 

 
  "La visión torcida de objetos y la aparición de manchas negras son síntomas de una alteración macular"  
     

La vista es uno de los sentidos más importantes para la autonomía del ser humano, ya que permite la interacción con el entorno que le rodea. Esto hace que cualquier problema relacionado con los ojos lleve implícito, por norma general, un impacto negativo en la calidad de vida en aquellos que lo sufren.

Una de las alteraciones más frecuentes entre la población, especialmente entre los mayores, es la degeneración macular asociada a la edad (DMAE). Esta enfermedad crónica afecta a la zona central de la retina, llamada mácula, responsable de la mayor parte de la visión central.

La mácula es una capa amarillenta de tejido sensible a la luz que se encuentra en la parte posterior del ojo, en el centro de la retina. Su principal función es la de proporcionar agudeza visual, lo que posibilita al ojo humano percibir detalles finos y pequeños.

La mácula se comporta como una pantalla de proyección. En los ojos, la córnea y el cristalino actúan como un proyector y la mácula es el espacio sobre el que se proyectan las imágenes. Así, cualquier alteración en ella dará como resultado una imagen distorsionada o deformada, puesto que las áreas centrales del campo visual pierden definición, llegando en estados avanzados a impedir actividades como leer o ver la televisión.

Tipos de degeneración macular
Hay que distinguir diferentes fases clínicas en las alteraciones de la mácula. La primera es la maculopatía asociada a la edad (MAE), que se caracteriza por la formación de drusas (material acumulado en la retina) y alteraciones maculares pigmentarias; puede ser temprana, intermedia o tardía.

En un estado posterior ya aparece la MAE avanzada, que corresponde a la DMAE. Esta a su vez puede presentarse en dos formas, atrófica o seca, que  produce una atrofia de la zona macular de curso lento, y exudativa o húmeda, más rápida y con peor pronóstico ya que acumula líquido debajo de la mácula. La prevalencia de ambas es del 90 y 10%, respectivamente.

La edad, principal factor de riesgo
Se desconocen las causas que producen esta enfermedad, pero los estudios han puesto de manifiesto que la edad del paciente es el principal factor de riesgo. De hecho, la DMAE es la causa de ceguera legalmente admitida más frecuente en los países desarrollados en personas de más de 55 años de edad, y casi el 50% de los europeos mayores de 65 años presenta algún signo de esta enfermedad. En España se calcula que esta cifra alcanza los 800.000 pacientes y son más de
tres millones las personas en situación de riesgo.

La genética es otro de los principales factores de riesgo, de ahí que exista una posibilidad importante de heredar la enfermedad en caso de contar con antecedentes familiares. Asimismo, la prevalencia de la DMAE es mayor en los gemelos que en el resto de la población.

Evidentemente, estos dos factores no son modificables, pero sí hay otros que se pueden alterar. El más importante es el tabaquismo, cuyas consecuencias son patentes en un sinfín de enfermedades y la DMAE es una de ellas.

Los médicos especialistas inciden en que la obesidad, la hipertensión y los problemas cardiovasculares están relacionados con esta alteración ocular. De ahí la necesidad de seguir hábitos de vida saludables, como llevar una dieta equilibrada, rica en vitaminas, minerales, luteína (presente en alimentos como la lechuga o las espinacas) y omega 3, y practicar ejercicio físico de forma regular. Igualmente, los expertos recomiendan siempre que sea posible proteger la vista de la exposición directa del sol, sobre todo en el caso de tener los ojos claros.

Conocer los síntomas
La visión torcida u ondulada de objetos y la aparición de manchas negras que impiden, por ejemplo, la lectura, son dos de los síntomas más evidentes para identificar la presencia de la degeneración macular asociada a la edad.

Ante cualquiera de ellos, es recomendable acudir a un especialista en oftalmología para obtener un diagnóstico más exacto. Como siempre sucede en cuestiones de salud, la prevención es fundamental, al igual que la detección temprana de las enfermedades, especialmente en caso de que, como la DMAE, sean irreversibles.


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Una rejilla para la detección precoz de la DMAE

El test de la rejilla de Amsler es una de las pruebas más rápidas y sencillas para evaluar la visión central de la retina, también llamada visión de la mácula, ya que permite ver dónde, cómo y cuánto se altera la imagen.

A la hora de realizar la prueba, el sujeto debe situarse a unos 35 centímetros de la imagen de la rejilla, utilizando las lentes correctoras en caso de utilizarlas. El test debe hacerse primero con un ojo y después con el otro, mirando fijamente el punto central de la rejilla. Si el punto no desaparece y las líneas no se distorsionan (conservan su paralelismo), todo hace indicar que no hay evidencias de alteración macular.

Visión normal (izquierda). Así vería la rejilla de Amsler una persona sin degeneración macular.
Degeneración macular (derecha). Esta sería la imagen que vería una persona con síntomas de degeneración macular.


El Servicio Médico de CLH recomienda:

Consejos para prevenir la DMAE:

- Visitar al oftalmólogoregularmente a partir de los 50 años.

- Usar gafas adecuadas para proteger los ojos de los rayos ultravioleta.

- No fumar.

- Seguir una dieta equilibrada, con variedad de fruta y verduras.

- Evitar el sobrepeso.

- Practicar ejercicio físico de forma habitual.

- Tomar suplementos de vitaminas y minerales específicos para la vista, siempre bajo prescripción facultativa.


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