Número 4 - Cuarto trimestre 2006
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Biocarburantes, energía sostenible
En los últimos años se ha producido un desarrollo notable de los biocarburantes como alternativo a la gasolina y gasóleo derivados del petróleo.

  La producción de biocombustibles se realiza a partir de materia orgánica, como los aceites vegetales.  

En los últimos años se está produciendo un aumento del interés por las denominadas energías renovables. El desarrollo de éstas, en general, se ha debido a la confluencia de diversas circunstancias, entre las que se encuentran razones de política energética –reducción de la dependencia del petróleo–, medioambiental –disminución de emisiones–, industrial o tecnológica –ventajas económicas para el crecimiento de determinados sectores– y socioeconómica –búsqueda de actividades para el sector agrícola.

Algunas energías renovables, como la eólica, la hidráulica o la solar, ya están implantadas en muchas áreas de actividad y comienzan a introducirse en otras. Pero el desarrollo de carburantes alternativos para el sector del transporte está condicionado a que se puedan adecuar a las exigencias de los motores que llevan los vehículos actuales, por lo que se han buscado combustibles alternativos o renovables cuyo comportamiento sea lo más parecido posible a los tradicionales.

Energía vegetal
Los biocombustibles son compuestos químicos procedentes de materia orgánica y susceptibles de ser usados como combustibles; la materia orgánica utilizada suele ser vegetal –residuos vegetales o plantas cultivadas expresamente con este fin–, aunque pueden utilizarse también otras materias primas.

El término biocombustible se aplica tanto a los combustibles destinados a la producción de electricidad o calor como a los que se utilizan en los motores de combustión interna de los medios de transporte. Estos últimos son los biocarburantes, combustibles líquidos de origen orgánico derivados de las distintas transformaciones que sufre la materia prima y que se han desarrollado para motores diésel y para motores de gasolina.

El principal biocarburante para motores diésel es el denominado biodiésel, que es un carburante obtenido a partir de aceites vegetales. Mediante una sencilla reacción química cualquier aceite vegetal se puede transformar en un producto bastante parecido al gasóleo. La alternativa para motores de gasolina es el bioetanol, obtenido por fermentación a partir de materia vegetal rica en azúcares y, posiblemente en un futuro cercano, a partir de cualquier materia prima vegetal. El etanol se podría utilizar directamente, pero se suele emplear transformándolo en un compuesto químico denominado etil ter-butil éter ETBE, más parecido a las gasolinas y que, por tanto, genera menos inconvenientes.

  Para el consumidor final, el precio de venta de los biocarburantes es prácticamente igual al de gasolinas y gasóleos actuales.  

Existen otros biocarburantes menos utilizados, como el biogás –procecente de residuos orgánicos– el biometanol puro o transformado en metil ter-butil éter MTBE o el dimetiléter; existen, además, proyectos para el desarrollo de una gama más o menos amplia de biocarburantes que, procediendo de materia renovable, tengan un comportamiento mejor que los que existen actualmente.

Equilibrio necesario
La producción y utilización de biocarburantes, especialmente en el sector del transporte, puede presentar diversas ventajas sobre los combustibles tradicionales. Sin embargo, su uso también puede llevar asociado una serie de posibles inconvenientes, que deberían estudiarse para diseñar una cadena de valor que, en el ciclo de vida completo del biocombustible, maximice sus ventajas eludiendo o minimizando los inconvenientes. Así, los usuarios y toda la sociedad se beneficiarían de estos productos.

Manuel Gómez Marín, director de Calidad de CLH, señala que “desde el punto de vista medioambiental, los biocombustibles poseen ventajas innegables como el bajo contenido de azufre, el contenido nulo de compuestos aromáticos o la biodegradabilidad. Además, la práctica totalidad de los estudios realizados coinciden en que tanto el biodiésel como el bioetanol, en su ciclo completo de vida, reducen las emisiones de los denominados gases de efecto invernadero, que provocan el calentamiento del planeta. En este sentido, también los estudios parecen mostrar que, en el momento actual, el comportamiento del biodiésel es más favorable que el del bioetanol. No obstante, cualquier conclusión respecto del comportamiento ambiental depende de las prácticas utilizadas en el cultivo de especies vegetales para este uso y las tecnologías de producción empleadas”.

Por otra parte, continúa Gómez Marín, “alguna de las características de los biocombustibles, como la elevada volatilidad en mezclas, afinidad por el agua, corrosividad y ataque a materiales elastómeros del bioetanol o la estabilidad y el mal comportamiento en frío del biodiésel, hacen que su producción, almacenamiento y distribución deba realizarse con procedimientos y medios que garanticen los niveles de calidad”.

  El desarrollo de los biocarburantes supone una alternativa para el cultivo de campos.  

Mercado creciente
Muchos expertos coinciden en que, en un futuro a corto plazo, el ahorro energético será la mejor energía alternativa. Sin embargo, desde hace años las instituciones están impulsando el uso de los biocarburantes, y de las energías renovables en general, para que su utilización diaria se convierta en una realidad.

El primer factor crítico para el desarrollo de los biocarburantes es el precio de producción, que está por encima del de los carburantes tradicionales. Para compensarlo, las administraciones están implantando diversas medidas, como las subvenciones a empresas productoras o la reducción de los impuestos que tienen los combustibles tradicionales, que para los biocombustibles no tendrá coste al menos hasta 2012.

Así, el consumo de biocarburantes en España ha experimentado un crecimiento constante en los últimos años. Según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía –IDAE–, su venta ha aumentado de las 51,2 ktep –miles de toneladas equivalentes en petróleo– del año 2000 a las más de 265 del pasado año y para 2010 se estima que el consumo alcance las 2.200 ktep.

Precisamente, en 2010 debe cumplirse una directiva comunitaria por la que los países de la Unión Europea se comprometen a que el 5,75 por ciento de la producción de carburantes provenga de biocombustibles, mientras que el Ministerio de Economía estima que las energías renovables aportarán el 12 por ciento del balance energético nacional.


 

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Repostar biocombustibles

Los biocombustibles pueden ser una alternativa eficaz para reducir la dependencia del petróleo y, si se producen con prácticas y tecnologías adecuadas, pueden también contribuir a reducir las emisiones. En cualquier caso, igual que sucede con los combustibles tradicionales, los biocombustibles deben cumplir las especificaciones de calidad establecidas para ellos. “Los sistemas diseñados por CLH pretenden controlar tanto la calidad del producto como la proporción de mezcla, de forma que se garanticen los derechos de los consumidores finales”, afirma Salvador Guillén, director general Comercial.

Cuando la proporción de mezcla en el combustible es igual o inferior al 5 por ciento, el suministrador no tiene la obligación de informar al usuario. Es decir, una gasolinera puede suministrar mezclas hasta este porcentaje como si se tratara de gasóleo y gasolina convencionales. En condiciones normales, ningún automóvil notará la diferencia.

Los biocombustibles también se pueden suministrar mezclados con combustibles tradicionales en proporciones superiores al 5 por ciento. En estos casos el suministrador debe informar al cliente de la proporción de biodiésel que lleva el gasóleo. Si los biocombustibles mezclados cumplen la calidad exigida y las mezclas no son en proporciones muy elevadas, lo normal es que los vehículos funcionen de forma parecida a como lo hacen con combustibles tradicionales. Cuando la proporción es elevada, puede detectarse un aumento en el consumo, proporcional al contenido de biocombustible –lo que no representa un defecto del producto, es sólo una consecuencia de que los biocombustibles contienen en su molécula átomos de oxígeno, que no proporcionan energía–.

Límite en los vehículos
No obstante, cada fabricante de automóviles tiene un criterio de mantenimiento de la garantía del vehículo y es conveniente informarse del límite máximo de biocombustible mezclado con el combustible tradicional que el fabricante del vehículo admite para mantener la garantía. Desde el punto de vista del precio de venta al usuario, suele ser muy parecido al de los combustibles tradicionales, porque mientras que en un caso se pagan impuestos, en otro se producen unos mayores costes de producción.

 

CLH potencia el biodiésel

A lo largo de 2006, siguiendo el Plan de Energías Renovables impulsado por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, CLH ha invertido cerca de tres millones de euros para introducir los biocarburantes en su sistema logístico.

“La posibilidad de uso de biocombustibles depende de que la calidad de los mismos sea la adecuada y de que los sistemas de almacenamiento y distribución permitan maximizar las ventajas de su uso y disminuir los posibles inconvenientes. Consciente de esta situación, y con el objetivo de facilitar la introducción sin problemas de los biocombustibles en el mercado, CLH ha diseñado un riguroso sistema de control de calidad para estos productos y ha implantado un sistema de mezcla en línea en el brazo de carga de los camiones cisterna, con el pertinente desarrollo de todos los sistemas de control y de relaciones con los clientes”, explica Salvador Guillén Vázquez, director general Comercial.

Instalaciones adaptadas
En este sentido, la instalación de Villaverde se convirtió recientemente en la primera preparada para operar con biocarburantes. La capacidad de almacenamiento de la planta es de 1,4 millones de litros de ésteres metílicos de ácidos grasos (FAME) que, tras modificar los sistemas de carga de camiones, se mezcla en los brazos de las isletas en una proporción entre el 5 y el 30 por ciento. Las instalaciones de Santurtzi y Barcelona también han adaptado sus infraestructuras para poder servir este producto.

 

En 4 años, el 5,75 % de la producción de carburantes de la UE procederá de biocombustibles

 

 


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