Carta del presidente

Un mundo en transición

Como señala el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), “el mundo está construyendo un nuevo tipo de sistema energético, pero las grietas son visibles en los tres pilares fundamentales” de una estructura de estas características que debe asentarse en el conocido “trilema” energético, que supone compaginar la seguridad del suministro, la competitividad de la economía y la protección del medio ambiente.

Dentro de este proceso, que conlleva una enorme complejidad y requerirá todavía muchos años, algunas voces quieren dar por finalizado con una cierta precipitación la utilización de los productos derivados del petróleo, que han constituido sin ninguna duda un factor fundamental en la mejora de la calidad de vida que se ha experimentado a nivel mundial durante el último siglo, y que probablemente continuará haciéndolo todavía al menos durante varias décadas.

Así, de acuerdo con el informe de la AIE, el petróleo continuará aportando una parte fundamental de la demanda energética mundial en 2040, que es el horizonte del último World Energy Outlook publicado por este organismo de referencia.

Es cierto que la evolución de la demanda de productos petrolíferos será muy dispar en las diferentes regiones del mundo. Mientras que en países desarrollados como el nuestro es posible que la demanda alcance antes su punto culminante, en los países en desarrollo el crecimiento de la demanda continúa, y ellos son los responsables de todo el incremento de la demanda previsto hasta 2040.

Según la AIE, el uso del petróleo para vehículos alcanzará su punto máximo a mediados de la década de 2020, pero la industria petroquímica, el transporte por carretera, la aviación y la navegación marítima mantendrán todavía durante mucho tiempo la demanda total de petróleo en una tendencia ascendente, lo que no es incompatible con los objetivos de reducción de emisiones para evitar el cambio climático.

“Desde el sector del petróleo y el de la logística podemos seguir contribuyendo a los objetivos de reducción de emisiones marcados por la Unión Europea a través de la innovación y la mejora de la eficiencia”

De hecho, las mejoras en eficiencia de combustibles en la flota de vehículos convencionales evitan una demanda potencial tres veces mayor que los 3 millones de barriles diarios de petróleo desplazados por los 300 millones de coches eléctricos que se estima poblarán las carreteras en 2040.

Por otra parte, si bien es cierto que la electrificación de la sociedad puede aportar beneficios, sobre todo porque reduce la contaminación a nivel local, una parte significativa del sistema energético, como es el transporte de mercancías por carretera de larga distancia, la navegación y la aviación, no está lista para la electrificación con las tecnologías actuales.

Además, como señala la Agencia Internacional de la Energía, una electrificación más ambiciosa exigiría medidas adicionales para eliminar las emisiones de CO2 del suministro eléctrico, si lo que se pretende es poder liberar todo su potencial para alcanzar los objetivos climáticos, ya que de otro modo existe el riesgo de que las emisiones de CO2 se desplacen desde los sectores de uso final hacia la generación eléctrica.

Por todo ello, consideramos que es demasiado pronto para excluir los combustibles tradicionales del mix energético y estamos convencidos de que desde el sector del petróleo y el de la logística podemos seguir contribuyendo a los objetivos de reducción de emisiones marcados por la Unión Europea, a través de la innovación y la mejora de la eficiencia.

Con este compromiso por continuar contribuyendo a hacer de nuestro mundo un lugar cada vez mejor, quiero aprovechar esta ocasión también para desear a todos unas felices fiestas y todo lo mejor para 2019.