Personas | De viaje por...

Hacia el campamento base del Everest
EN LA CIMA DEL MUNDO. José Ángel, en el camino hacia el campamento base del Everest.

Volando a ciegas entre las nubes de camino a Lukla desde Katmandú, así empieza uno de los trekkings más impresionantes que he visto en mi vida.

Por delante, montañas, desfiladeros, lagos, glaciares, cumbres con nombres épicos y paisajes que te hacen contener el aliento al contemplarlos.

El primer día empieza tranquilo, una bajada de unas dos horas hasta Phakding, en la que sobre todo contrasta la cara de aquellos que empiezan como nosotros con las personas que suben mientras te miran deseándote suerte.

El segundo día se empieza a poner más cuesta arriba, si bien al principio parece un paseo entre casas de té, restaurantes, tiendas de souvenirs, en cierto momento empiezan a desaparecer mientras el doble puente colgante que abre la subida hacia Namche Bazaar surge ante ti.

Namche es el último lugar de aquello que podemos llamar civilización, cosas que damos por sentadas como la electricidad, el agua, una ducha caliente, internet, la calefacción, a partir de Namche se convierten en ciencia ficción. Sin duda no puedes perderte las vistas desde el centro de documentación y desde el mirador, donde si hace un día soleado podrás ver por primera vez las cumbres del Everest, del Lhotse y del Ama Dablam.

“Con temperaturas de menos 22 grados, mientras las botellas de agua literalmente se congelan y muchos compañeros tienen que desistir por el frío”

Una vez realizado el día de aclimatación viene la subida hacia Tengboche. Si tienes suerte de llegar antes de las 3, no te pierdas la ceremonia budista, es sin duda un acontecimiento que merece la pena ver. Los días siguientes, según asciendes, ves como los valles rebosantes de vida, empiezan a dejar paso a un paisaje lunar, mágico, que te va envolviendo en esa aura que tienen las grandes aventuras. En Dingboche llega la primera cumbre, donde el Ama Dablam se yergue orgulloso ante ti, desafiándote.

Impresionantes vistas del Himalaya.

Mal de altura

Es en Lobuche a casi 5.000 metros, donde empiezas a ver los riesgos del mal de altura, como los helicópteros suben y bajan a personas afectadas e incluso los propios sherpas los trasladan hacia abajo en el camino sobre sus propios hombros. Uno de los consejos que siempre nos dan para tratar de evitarlo es subir muy despacio y beber mucha agua.

Al final de ese camino llegas a Gorakshep, el último asentamiento humano en altura. Desde allí a dos horas se encuentra uno de los objetivos del viaje. El campamento base del Everest. El mismo lugar desde el que Sir Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay alcanzaron la cima del mundo abriéndose paso a través de la cascada de hielo del Khumbu.

El verdadero reto comienza la mañana siguiente con la ascensión al Kala Patthar, con temperaturas de menos 22 grados, mientras las botellas de agua literalmente se congelan y muchos compañeros tienen que desistir por el frío. La escena si conseguís llegar arriba es sobrecogedora. Los rayos de sol iluminando las cumbres del Himalaya en el amanecer.

Los lagos de Gokyo.

Los lagos de Gokyo

Una vez finalizada la ascensión el grupo se divide, aquellos que vuelven hacia Lukla recorriendo el camino andado y aquellos, como nosotros, que se dirigen hacia los lagos de Gokyo. Si tenéis oportunidad de hacer este segundo camino, no lo dudéis por un solo segundo.

Atravesar el paso de Cho La caminando sobre el glaciar, ver los lagos de Gokyo con su color verde turquesa, o subir a la cumbre del Gokyo Ri, donde podréis contemplar uno de los paisajes más impresionantes que hay en este planeta merecen sin duda los días adicionales para ello.