La revista de la gente de
Número 17 - Primer trimestre 2010
 

Viaje al interior del oleoducto
Los ‘pigs' inteligentes, sofisticadas máquinas que trabajan en el interior de los oleoductos, se han convertido en una herramienta clave para conocer al milímetro el estado de la red y garantizar así su integridad.

 

El objetivo de las inspecciones mediante estos equipos es velar por la integridad del oleoducto.

 

Para el Grupo CLH, la seguridad de las personas y de sus instalaciones es un aspecto primordial, al igual que lo es cuidar del entorno en el que opera. Esto cobra mayor importancia si se piensa en los cerca de 4.000 kilómetros de oleoducto que transcurren enterrados a lo largo de todo el territorio español, una extensa red logística que debe funcionar a la perfección para cumplir el cometido de la compañía.

¿Cómo es posible supervisar tantos kilómetros de tuberías que además no están a la vista? De ello se encarga la unidad de Gestión de Integridad, perteneciente a la dirección general de Operaciones. Su responsable, Rafael Fernández, resume su cometido: “El objetivo es velar por la integridad del oleoducto para operar de forma eficiente, segura y respetuosa con el medio ambiente”.

Las tareas que se llevan a cabo para lograrlo son muchas y variadas: desde la inspección visual del trazado de la línea (ya sea a pie, en coche o en helicóptero), hasta la supervisión de parámetros propios de la tubería, como el estado del revestimiento o el mantenimiento de la protección catódica. Pero de todas ellas, “sin duda la estrella de los trabajos de prevención es la inspección mediante ‘pig' inteligente, ya que permite conocer de forma cuantitativa y cualitativa el estado de la integridad del oleoducto milímetro a milímetro”, asegura Fernández.

 

La colocación de marcadores AGM a lo largo del recorrido del ‘pig' permite establecer coordenadas precisas para localizar con exactitud los datos que resulten de la inspección.

 

Desde dentro
Esta herramienta inteligente es una joya de la tecnología cuyo principal valor es que permite conocer el estado del oleoducto con un elevado grado de exactitud sin necesidad de desenterrarlo, ya que trabaja desde el interior. Se trata de un complejo equipo electrónico que recoge información del estado de la tubería por medio de numerosos sensores. Estos datos permiten analizar y descubrir aspectos necesarios para garantizar el correcto funcionamiento del oleoducto.

Traducido al español, ‘pig' significa literalmente cerdo; esto es por el ruido que emiten en su avance por el oleoducto como consecuencia de la fricción de sus copelas delanteras, unas gomas que se adaptan perfectamente al diámetro de la tubería y que sirven para que el producto mueva el equipo durante los envíos. A lo largo de los más de cinco metros de longitud que pueden llegar a medir los más grandes, estos equipos incorporan múltiples sensores que, dependiendo de su finalidad, pueden medir parámetros como el grosor de la tubería o descubrir si tiene abolladuras como consecuencia de algún golpe, de ahí el adjetivo de inteligentes. Esta información se registra en un equipo de grabación que se analiza una vez ha terminado su recorrido.

En palabras de Rafael Fernández, “la compañía ha recurrido a este tipo de equipos desde 1982 para el mantenimiento y cuidado de su red de oleoductos, siendo pionera en España, si bien es cierto que la tecnología ha permitido dar un salto cualitativo más que notable”.

El poder de la tecnología
En función de sus características, se pueden distinguir diferentes tipos de ‘pigs'. Los de limpieza eliminan las partículas sólidas depositadas en la tubería asegurando un bombeo eficiente, mientras que los geométricos miden el diámetro del oleoducto para detectar abolladuras u ovalizaciones. Los inerciales, por su parte, permiten establecer las coordenadas exactas del trazado, una información muy valiosa dada la longitud total de la red oleoductos. A través de la herramienta GIS de referencia geográfica, CLH ha obtenido una completa y detallada radiografía de la posición de sus oleoductos. La compañía ha sido una de las primeras organizaciones del mundo que han utilizado esta tecnología en su red logística.

 

Esquema de los distintos elementos con los que cuenta el ‘pig' para realizar sus funciones.

 

Junto con los inerciales, los más útiles por la información que recogen son los de pérdida de flujo magnético o MFL (Magnetic Flux Leakage, por sus siglas en inglés) y los de ultrasonidos. Los primeros se valen de potentes imanes para generar un campo magnético que se ve alterado si varía el grosor de acero de la tubería, lo que permite conocer si hay alguna pérdida de material y detectar la presencia de arañazos y golpes internos. Los de ultrasonidos son los más modernos y los que ofrecen una visión más nítida del interior del oleoducto, ya que son capaces de detectar laminaciones (puntos débiles) y cracks (grietas), dos de las principales preocupaciones en la conservación de oleoductos.

 

Una vez finalizado el recorrido fijado, se extrae la información registrada por los equipos de grabación del ‘pig' para su posterior análisis.

 

Plan sexenal
Toda la información que ofrecen estos equipos, junto con la que se obtiene de otros departamentos, sirve para determinar las condiciones del oleoducto, y tomar las medidas necesarias para mantenerlo siempre en las mejores condiciones. Para Luis Fernando Barrero, técnico de Gestión de Riesgos, “es muy importante que la compañía mantenga un flujo de información constante y accesible para todos con el fin de mejorar la eficiencia”.

A tal efecto y después de los valiosos resultados obtenidos tras inspeccionar cinco líneas mediante ultrasonidos, la compañía inició en 2009 un plan sexenal de revisión de la longitud total de oleoductos a través de la combinación de las dos tecnologías más modernas, el MFL y los ultrasonidos, una importante inversión que servirá para garantizar la integridad de la red.

Para Javier del Nido, subdirector de Explotación de Oleoductos, “tener un plan de estas características aporta mayor capacidad y facilidad de gestión ya que el resto de inspecciones (revestimiento, profundidad, etc.) se pueden adecuar al plan para conseguir mejor información. Todo ello se traduce en ahorro de recursos y en una gestión más eficiente de la información”.

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Los ‘pigs' inteligentes permiten conocer el estado de la integridad del oleoducto de forma milimétrica

Planificación de los lanzamientos

La inspección de oleoductos mediante ‘pigs' incluye aspectos de planificación, lanzamiento, seguimiento y recepción. Para el jefe de Dispatching Central de Oleoductos, Florentino González, esta tareas “necesitan una alta participación de personal en campo y una especial atención en Dispatching para que, durante el recorrido, no se produzcan paradas de bombeo y las velocidades de avance sean las adecuadas. Asimismo, se debe controlar que los ‘bypass' directos (tuberías que ofrecen una alternativa de paso por ciertos lugares, como estaciones de bombeo intermedias) estén abiertos y los ramales (derivaciones de la red que envían el flujo hacia otras plantas) cerrados para que el ‘pig' siga el recorrido fijado y no se atasque”.

Preparar este ‘camino' requiere también poner en marcha una serie de medidas. El jefe de Explotación de oleoductos de Loeches-Ariza, Pedro Herrero, explica que “es imprescindible comprobar el estado de las válvulas del tramo afectado, pasar un tren de limpieza (compuesto por distintos equipos) y lanzar un ‘pig' equipado con una placa calibrada al 95 por ciento del diámetro menor del tramo a inspeccionar que informa sobre posibles anomalías que pudieran obstruir el paso del ‘pig'. El día del lanzamiento, se procede a la colocación sobre el terreno a lo largo del 22 recorrido programado de unos marcadores llamados AGM (Above Ground Marker), que “sirven para establecer coordenadas precisas y localizar con exactitud los datos que resulten de la inspección”, añade.

Oleoductos más seguros
Para Florentino González, “el resultado de las inspecciones y las posibles intervenciones de reparación tras las mismas permiten mantener los oleoductos en un estado óptimo para su explotación”. Trasladado a la actividad diaria, esto supone la completa seguridad de las operaciones.

 

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