La revista de la gente de
Número 14 - Segundo trimestre 2009
 

Medico de profesión y también de vocación
Javier Ranera, jefe del Servicio Médico de CLH, colabora desde hace más de quince años con la Fundación Afanias-Moratalaz , dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad intelectual.

 

La colaboración de Ranera con la
Fundación Afanias–Moratalaz comenzó hace más
de quince años.

 

Desde que cursó sus estudios de Medicina, Javier Ranera, actual jefe del Servicio Médico del Grupo CLH, ha dedicado su carrera profesional a velar por la salud de los demás. Su espíritu desinteresado le llevó, además, a embarcarse en un proyecto solidario del que sigue formando parte quince años después. Se trata de la Fundación Afanias –Moratalaz, institución dedicada a mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad intelectual que conoció casi de casualidad y que se ha convertido en una parte muy importante de su vida.

“Un poco para ti es mucho para otros”, asegura. Y eso es precisamente lo que ha hecho con esta Fundación prácticamente desde sus inicios, aportar parte de su tiempo y muchos de sus conocimientos en beneficio de un colectivo muy necesitado.

¿Qué es la Fundación Afanias – Moratalaz?
Se trata de una organización que trabaja para mejorar la calidad de vida de mujeres con discapacidad intelectual. Su creación se produce en 1978, primero como Asociación y desde 1990 como Fundación, como consecuencia de las necesidades de un grupo de padres con hijas disminuidas que no contaban con ayudas por parte de las instituciones. De ese modo, decidieron juntar un poco de dinero y crear la Fundación con el objetivo de buscar financiación y recursos para satisfacer las necesidades de atención y formación de estas personas, una vez finalizada la etapa escolar.

¿Cómo empiezas a colaborar?
Fue poco tiempo después de su conversión en Fundación, en 1990. En ese momento, sus necesidades iban cambiando y, ante la ausencia de la figura de un médico en la organización, surgió la posibilidad de colaborar desinteresadamente con ellos. Así, empecé a dedicarles parte del tiempo que me permitía mi trabajo, pero sobre todo aportaba conocimientos específicos en materias muy concretas.

 

Javier, segundo por la izquierda, en las instalaciones de la Fundación con algunos de sus responsables.

 

¿Qué necesidades tenían?
Trabajar con un colectivo tan dependiente requiere numerosos profesionales para su formación y cuidado. Si normalmente se necesita un profesor para cada 25 alumnos, estas personas precisan un cuidador para cada cuatro o cinco, incluso uno en exclusiva en caso de que la discapacidad sea elevada. Por ello, para trabajar cualquier aspecto con ellos, se necesitaban recursos que en los primeros tiempos a veces no eran suficientes.

¿De qué forma colaboras?
Mi principal aportación ha sido dedicar mi tiempo, disponibilidad y mis conocimientos de medicina. Un porcentaje importante de las personas con discapacidad intelectual asocian enfermedades congénitas a los padecimientos propios de su edad. Por ejemplo, es frecuente que las personas que padecen síndrome de Down desarrollen cardiopatías, hipotiroidismo, demencias, ataques epilépticos y otras patologías. Por este motivo es habitual que estas personas se encuentren polimedicadas, lo que con cierta frecuencia da lugar a errores y conflictos con la medicación.

Otro de los aspectos que más se trabaja con ellos es la normalización tanto personal como familiar, procurando que realicen una vida lo más parecida posible a la que tendría una persona sin problemas psíquicos. Con este fin y procurando además, promover la autonomía individual y el respiro familiar, se organizan numerosas actividades lúdicas y didácticas, como campamentos, actividades deportivas, excursiones, y/o vacaciones, que les permiten salir de su entorno habitual y disfrutar de su ocio; y que en ocasiones han necesitado mi ayuda ante problemas que surgieron. También he colaborado en el asesoramiento sobre aspectos nutricionales, ya que algunos son diabéticos, celíacos o presentan problemas de masticación y/o deglución lo que genera dudas en cuanto a la alimentación que deben tomar o cómo debe prepararse; así como en materia de ejercicio físico, puesto que al tratarse de personas con movilidad muy limitada, y debido a las patologías que desarrollan, ciertos movimientos o actividades pueden no ser recomendables o incluso perjudiciales.

¿Y fuera de la medicina?
Hace años conseguí algunos ordenadores que iban a sustituir en la empresa en la que trabajaba y los llevé a la Fundación para iniciar una terapia de estimulación a través de juego interactivos; aunque ahora la informática está a la orden del día, en aquel momento el uso de ordenadores fue algo muy novedoso. Asimismo, he colaborado en tareas relacionadas con la seguridad e higiene, relaciones con las mutuas y con el servicio de prevención, obligaciones legales en materia de preventiva, asesoramiento y gestión de accidentes de trabajo, etc.

 

El centro especial de empleo de la Fundación , en el que trabajan decenas de personas, se dedica entre otras cosas a actividades de manipulado de envases.

 

¿Cómo ha evolucionado?
Durante muchos años, Afanias–Moratalaz subsistió con las aportaciones de los padres y con las ayudas que conseguían. Sin embargo, hace unos años se produjo un cambio de la legislación que favoreció la viabilidad del proyecto, ya que cedieron a la Comunidad de Madrid la totalidad de sus plazas y eso les ha generado unos ingresos fijos que les ha permitido conseguir unos recursos mucho más acordes con las necesidades, como por ejemplo la contratación de personal especializado, entre ellos un médico dedicado en exclusiva. Esto ha hecho que mi colaboración haya ido disminuyendo en los últimos meses.

¿Qué servicios ofrece a Afania?
La Fundación realiza cuatro tipos de actividades. La más importante y a la que más recursos han destinado desde su creación es la que se lleva a cabo en el centro ocupacional, una especie de centro de día en el que se realizan talleres y distintas actividades cuyo objetivo es la inserción laboral en la medida de las posibilidades individuales. Otro servicio es el centro especial de empleo, constituido como empresa para personas con discapacidad, en el que se desarrollan trabajos de empaquetado y retractilado para numerosas empresas del mercado. Este centro surge como consecuencia de la visión de la posibilidad de integración laboral real de personas con discapacidad intelectual.

También cuenta con una residencia destinada a personas con un alto grado de dependencia y unas viviendas tuteladas para aquellas menos dependientes y a las que se pretende dotar de autonomía para hacer una vida lo más normalizada posible. En total, la Fundación da servicio a unas 170 personas.

Personalmente, ¿qué te supone?
Es una enorme gratificación. El mundo está lleno de grandes problemas y la idea es pasar de la pasividad a la acción. Hay que preguntarse qué podemos hacer cada uno en nuestro entorno y ayudar en lo que podamos, sin necesidad de grandes pretensiones, ya que también se puede colaborar con conocimiento o disponibilidad. Además de hacerte sentir bien, a mí particularmente me ‘engancha'.

 

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Una silla mecánica para la piscina

CLH, a través del Plan de Acción Social ‘Movemos nuestra energía más solidaria', ha instalado una silla mecánica para facilitar el acceso a la piscina que tiene la Fundación Afanias –Moratalaz en sus instalaciones. Como explica Javier Ranera, jefe del Servicio Médico de CLH, “de este modo, ante la llegada del verano, las personas con mayores problemas de movilidad o con patologías como la pérdida de equilibrio podrán entrar y salir de la piscina sin dificultad y disfrutar de actividades muy beneficiosas con las que podrán trabajar la motricidad o simplemente disfrutar de un baño”.


Sus dos caras

Profesional
Como jefe del Servicio Médico de CLH, se encarga de labores asistenciales y preventivas, además de la gestión de numerosos procesos.

Solidaria
Dedica tiempo y sobre todo conocimientos médicos a la Fundación Afanias –Moratalaz, además de ayudar en tareas administrativas o de asesoramiento general.


Para más información y colaboración

Fundación Afanias–Moratalaz
C/ Encomienda de Palacios, 235
28030 Madrid
Teléfono: 917724300
Fax: 917734768
www.trefemo.org


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infoclh@clh.es
Revista CLH
c/ Titán, nº13;
28045 Madrid

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