Número 3 - Tercer trimestre 2006
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El desigual reparto del petróleo
Mientras casi dos tercios de las reservas probadas de crudo se encuentran en Oriente Próximo, algunos de los países más dependientes de esta fuente de energía, como Estados Unidos, apenas cuentan con un mínimo porcentaje.

  La actual demanda de crudo está cerca de llegar a la capacidad de producción de las refinerías.  

El petróleo es la pieza clave del desarrollo de la economía mundial, el motor energético por excelencia. Desde que su uso se generalizó, el crudo es uno de los elementos de referencia obligatoria para planificar las políticas económicas de un país, así como uno de los puntos clave en los mercados mundiales. Tanto es así que incluso rige las relaciones entre países productores, exportadores e importadores.

Esta teoría cobra más importancia si se tiene en cuenta el reparto de las reservas de petróleo en el planeta, ya que la mayoría de ellas se concentra en países muy localizados. Más del 60 por ciento del crudo se encuentra en Oriente Próximo, una zona de gran inestabilidad pero de suma trascendencia para la economía mundial. El lado opuesto estaría dibujado por una lista casi interminable de países que necesitan el petróleo para mantener el equilibrio energético pero que no disponen de yacimientos propios para satisfacer su demanda.

El denominado ‘oro negro’ es un combustible fósil y, por tanto, perecedero. Por ello, cobra gran importancia cuantificar las reservas de petróleo disponibles y hacer un cálculo aproximado de cuántos años podrán sustentar el modelo energético que rige los estados más desarrollados. Los actuales sistemas de medición utilizados son una buena herramienta para saber el volumen de crudo que queda en el planeta, datos que, sin embargo, se basan en la tecnología utilizada en este momento y que no tienen en cuenta los avances que se puedan producir en este campo o los incrementos de demanda.

Mapa de reservas
Según se desprende del Statistical Review of World Energy 2006, informe elaborado por la petrolera BP y que revisa anualmente el estado de la energía mundial, las reservas de petróleo a finales del año pasado se cifraban en 1,2 billones de barriles. Por zonas, la más rica es Oriente Próximo, que cuenta con el 61,9 por ciento del total, mientras que dos de sus países, Arabia Saudí e Irán, acaparan un tercio de las reservas mundiales –22 y 11,5 por ciento, respectivamente–.

Norteamérica tiene el 5 por ciento de las reservas, mientras que en el resto del continente la cifra llega hasta el 8,6 por ciento, de las que más de tres cuartas partes se encuentran en Venezuela. La región formada por Europa y Eurasia alcanza el 11,7 por ciento y se sitúa ligeramente por encima de África –9,5 por ciento– y bastante por delante de la zona Asia Pacífico –3,4 por ciento–.

Es evidente que las reservas van disminuyendo a medida que se extraen, aunque también aumentan con la aparición de nuevos yacimientos. Así, el volumen total varía año a año, como demuestran los datos de las últimas décadas –0,77 billones de barriles calculados en 1985 y 1,02 billones en 1995–.

  Datos en miles de millones de barriles. Fuente: Statistical Review of World Energy 2006.  

 

Mercado global
En estos momentos, la producción de crudo está muy pareja a su consumo. Según la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos –AOP–, en 2005 se produjeron más de 84,1 millones de barriles diarios, mientras que sus ventas fueron de 83,3 millones de barriles al día. Esta característica, unido a que la capacidad de refino mundial –más de 85,7 millones diarios– se encuentra casi al límite de la demanda, hace que cualquier incidencia sobre el petróleo trastoque el equilibrio del mercado.

En este sentido, el presidente de la AOP, Dominique de Riberolles, afirma que “el crecimiento de la demanda pone a prueba el límite de la capacidad de producción y cualquier incidente amplifica los movimientos de alza de precios”.

Un buen ejemplo de esto son los huracanes Katrina y Rita que azotaron el Golfo de México en 2005 y que mermaron la capacidad productora de las refinerías afectadas. El no poder satisfacer la demanda mundial con el resto de la producción repercutió drásticamente en el coste del barril, alcanzando máximos históricos que de inmediato se tradujeron en un aumento de precios en todo lo relacionado con la cadena petrolífera. Al igual que los desastres naturales, las guerras, los cambios de gobierno o la reducción del volumen de reservas son circunstancias que alteran el ciclo económico del petróleo.

Dependencia plena
La gran mayoría de los países industrializados encuentra en el crudo su mayor aliado para mantener su economía. Salvo casos contados, son muy pocos los estados que son autosuficientes, es decir, que cuentan con los recursos propios necesarios como para no tener que importar fuentes de energía. Esta situación marca la política internacional de muchos gobiernos, obligados a buscar aliados para satisfacer su demanda.

El caso de Estados Unidos quizás sea el más claro. Es el mayor consumidor de petróleo del mundo y apenas produce el 40 por ciento de lo que necesita, por lo que tiene que importar grandes cantidades para mantener su actividad. Ante esta situación, las principales compañías –y no sólo de este país– se han lanzado a la búsqueda de nuevas áreas de exploración que suplan su falta de recursos, ya que, a pesar de que se ha experimentado con fuentes alternativas de energía, ninguna se ha mostrado capaz de sustituir al petróleo de forma eficiente.

Se cree que zonas como el norte de África, en especial Libia, Argelia y Nigeria, podrían tener reservas desconocidas que garanticen la producción para cubrir las necesidades mundiales. En esta línea, depósitos naturales de crudo cuya explotación antes no resultaba rentable por la dificultad de extracción, ahora, debido al alto precio del barril de petróleo, se perfilan como importantes campos de producción. Asimismo, se han puesto en el mercado más cantidades de crudos de tipo pesados y ácidos para responder al aumento de la demanda.

Futuro sostenible
El crudo y sus derivados son sustancias fundamentales en la vida cotidiana y se encuentran en todo tipo de productos de uso diario. El petróleo no se utiliza sólo como combustible para coches y aviones, sino que con él se fabrican disolventes, adhesivos, pinturas, caucho sintético, material sellante para la construcción, insecticidas e incluso plásticos y productos farmacéuticos. Por ello, se podría afirmar que, tal y como está el panorama energético actual, el mundo sin petróleo se pararía.

De este modo, y conscientes de la dependencia del petróleo, uno de los caminos que se sigue para mantener el equilibrio sin llegar a agotarlo es la investigación de energías renovables que puedan completarlo y restarle protagonismo con el paso de los años. Igualmente, las nuevas tecnologías permiten un aprovechamiento mayor del crudo en todos sus aspectos, al igual que la utilización de otras materias primas, como el gas de síntesis, para la obtención de productos que normalmente provienen del ‘oro negro’.


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Más del 60% de las reservas probadas de petróleo están en Oriente Próximo

Con 85,7 millones de barriles diarios, la capacidad de refino es similar a la demanda

A finales de 2005, las reservas se cifraban en 1,2 billones de barriles de crudo

Estados Unidos es el mayor consumidor y sólo produce el 40% de lo que necesita

Oriente Próximo dispone de reservas para más de 80 años

¿Un mundo sin petróleo?
Nadie sabe responder a ciencia cierta a la pregunta de cuándo se acabará el petróleo. Los más optimistas señalan que las reservas son suficientes para garantizar la producción durante el próximo medio siglo, aunque hay voces que apuntan a que los síntomas de agotamiento comenzarán en poco más de diez años. Según el Statistical Review of World Energy 2006 de BP, de acuerdo con las reservas probadas y teniendo en cuenta el ritmo actual de producción, el petróleo mundial llegaría a su fin en poco más de cuatro décadas. En cualquier caso, son muchos los factores que condicionan este dato, como los cambios de la demanda, el descubrimiento de nuevos yacimientos o el precio del barril.

Por zonas, Oriente Próximo ocupa el primer lugar al disponer reservas para algo más de 80 años. Por el contrario, las de Norteamérica serían las más reducidas de todas y durarían menos de doce años, mientras que el centro y sur del continente americano tendría reservas para más de 40 años. Por último, las estimaciones cifran en 31 años la vida del crudo de África, 31, 22 en Europa y Eurasia y casi 14 en Asia-Pacífico.

     


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