Número 3 - Tercer trimestre 2006
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Alta tecnología de saneamiento
CLH utilizará un novedoso sistema de saneamiento medioambiental y tratamiento de suelos para limpiar los terrenos de las antiguas instalaciones de almacenamiento de El Grao.

  Minimizar el impacto ambiental de todas sus actividades es uno de los principales objetivos de CLH.  

Desde hace años, el Grupo CLH tiene el compromiso de realizar su actividad minimizando el impacto ambiental y optimizando el uso de los recursos. Por esta razón, y como parte de esta responsabilidad, en 2003 la compañía puso en marcha un plan de investigación para conocer en detalle la situación medioambiental de los terrenos de cada una de sus instalaciones y, en caso necesario, llevar a cabo las medidas oportunas.

Aunque el impacto medioambiental de la actividad normal de CLH es muy bajo, algunas instalaciones han estado activas desde principios del siglo XX, cuando los procedimientos de actuación medioambiental no eran tan cuidadosos como los actuales.

Además, algunas de ellas han sido testigos de uno de los momentos más dramáticos de la historia de España, como la antigua instalación de almacenamiento de Valencia, que inició su actividad “a finales de los años 20 del pasado siglo y sufrió varios bombardeos durante la Guerra Civil que afectaron a las instalaciones”, según explica el jefe de Medioambiente y Seguridad de CLH, Ángel Fernández Toraño.

En el caso de la instalación valenciana, que se cerró en 2005, así como en el de la antigua instalación de Lezo, en Guipúzcoa, desmantelada también hace unos años, se vio la necesidad de realizar proyectos de remediación o de saneamiento medioambiental para dejar los terrenos libres de elementos contaminantes.

“Cuando la contaminación es superficial, el proceso de remediación suele ser sencillo”, según explica Fernández Toraño, “pudiendo limitarse a la retirada de la primera capa de tierra de la zona afectada. En los casos de contaminación más profunda, es necesario utilizar procedimientos especiales que eliminen los contaminantes hasta unos niveles aceptables”.

  La demolición de los tanques es uno de los primeros pasos antes de proceder a la remediación del suelo.  

Técnicas distintas
Son muchas las técnicas que se pueden aplicar para la descontaminación de suelos, si bien “cada una de ellas depende de factores como la contaminación que haya, el tipo de terreno, el plazo de ejecución, el presupuesto, etc.”, señala Ricardo Ribó, técnico especialista medioambiental e ingeniero jefe de las tareas de limpieza en Valencia.

“Hay dos partes fundamentales: el análisis de riesgos y la certificación final. El primero dice hasta dónde hay que llegar para que no haya ningún riesgo para la salud humana, mientras que el segundo indica qué hay que hacer para conseguir el objetivo. Nosotros siempre intentamos hacer más de lo estrictamente obligatorio porque así conseguimos plenamente los resultados deseados”, argumenta Ricardo Ribó.

En la antigua instalación de El Grao se decidió utilizar dos técnicas diferentes y complementarias: la desorción térmica y el lavado de suelos, un método pionero en España que ya demostró su eficacia en la antigua instalación de almacenamiento de CLH en Lezo (Guipúzcoa).

Los cálculos estiman que tendrán que removerse medio millón de toneladas de tierra para limpiar un total de diez hectáreas de terreno de El Grao, una cantidad suficiente para llenar el estadio valenciano de Mestalla. “Y en sólo doce meses, un plazo muy ajustado para el volumen de trabajo que requiere”, matiza Ricardo Ribó.

Limpieza total
“El objetivo es lograr la recuperación medioambiental y obtener el certificado de la autoridad de aptitud del suelo para uso residencial. Y el tratamiento de tierras es el camino. Para ello, hemos llegado a un acuerdo con el CIDE –Centro de Investigación para la Desertización– y la Universidad Politécnica de Valencia para que certifiquen los trabajos”, apunta el técnico.

El cálculo inicial estima que, de la tierra excavada, 165.000 toneladas serán de tierra limpia, 330.000 toneladas para tratamiento y 5.000 toneladas estarán tan contaminadas que no se podrían tratar y habrá que depositarlas en un vertedero especializado.

Antes de comenzar con los trabajos de limpieza, la instalación se desmanteló completamente. Primero se vaciaron los tanques y las tuberías para dejarlos limpios de producto. Después se procedió al desguace de los tanques y a la demolición de toda la obra civil, realizando una separación selectiva de materiales.

“En paralelo a la demolición se preparó el proyecto de remediación, que tiene en cuenta el uso residencial del suelo una vez que nos vayamos de allí. Todo ello, en colaboración con la autoridad competente, que es la Generalitat Valenciana”, explica Fernández Toraño.

Lavado de suelos
El proceso de limpieza comienza con el lavado de suelos, una técnica que no elimina el contaminante sino que lo transfiere de las partes más gruesas del terreno a las más finas. “Es una separación granulométrica: vamos quitando a ese terreno las partes más gruesas, a las que se somete a un tratamiento muy liviano, y concentramos todo el contaminante entre las arcillas y los limos, que son las partes que más concentración de producto acaparan”, señala Ribó.

El esquema se inicia en una tolva dosificadora, que gradúa la velocidad de alimentación al proceso de lavado. Después, la tierra se transporta por unas cintas vibrantes con chorros de agua a alta presión, cuya misión es separar las piedras de la tierra.

Más tarde comienza el ciclo húmedo, donde los lodos pasan por un hidrociclón, una máquina que provoca el rápido giro de las partículas para volver a hacer una criba y separar las partículas más pequeñas. Las que no han pasado el filtro vuelven a entrar en otro hidrociclón antes de ser óptimas para su decantación, es decir, extraer el agua utilizada. El lodo que se forma se lleva a un decantador de fangos y de ahí a otro decantador con filtros para separar la contaminación del agua. El resto, también llamado ‘torta’, se lleva a vertedero. El gasto de agua es mínimo, ya que se recircula en el proceso.

Un paso más, desorción térmica
La tierra que no se ha podido limpiar con la técnica anterior se lleva a un horno de desorción térmica, un proceso de separación y posterior eliminación de compuestos orgánicos que consiste en volatilizar los contaminantes a una temperatura de entre 200 y 600 grados. Una vez separados, los contaminantes se destruyen mediante una oxidación térmica en una cámara de combustión.

A medida que se va limpiando la tierra y que está descontaminada, se van rellenando las excavaciones. Al final, la zona tiene el aspecto de un solar con tierra perfectamente limpia.

“La combinación de estas técnicas es la actuación más sostenible posible ya que no se transfiere contaminación de un sitio a otro, sino que se limpia casi por completo. Sólo una mínima cantidad de tierra que no es tratable se traslada a vertederos especializados, ya que ningún método aseguraría el resultado”, argumenta Ribó.

 
 
Sistema de lavado de suelo
 

 
  Sistema de desorción térmica  

 

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