Islas Baleares, tierra de contrastes
Baleares es cosmopolita, vibrante y activa, pero también naturaleza, tradición y artesanía… Una mezcla que cautiva a todos sus visitantes.
El Mediterráneo acoge en sus cálidas aguas un archipiélago lleno de historia, vivo y en constante evolución. Formado por cinco islas y varios islotes, Baleares tiene un encanto propio que transforma a aquellos que allí se sumergen y hace que muchos escojan este lugar para establecerse definitivamente. Quizás sea su agradable clima y la hospitalidad de sus gentes, o el simple hecho de abrir una ventana y comprobar cómo el paisaje de mar y montaña nos sorprende con naturalidad mientras se respira la auténtica cultura balear. Pero lo cierto es que es un lugar que enamora a la mayoría.
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Vista de la catedral de Palma desde el puerto marítimo. |
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Conociendo las islas
Mallorca, o la 'Mayor', como la
llamaron los romanos, se transforma en un lugar privilegiado al unirse en ella la belleza de sus paisajes mediterráneos de costa y montaña. En Palma, su capital, un agradable recorrido a pie por el paseo marítimo permite captar
la esencia de la ciudad y toparse con el estilo gótico tardío de su majestuosa catedral, uno de sus edificios emblemáticos y que los amantes
del arte no deben perderse si quieren deleitarse con la reconstrucción interior planteada por el maestro Gaudí.
Otra cita ineludible es la del Castillo de Bellver, el único con planta circular de Europa. Se trata de una imponente fortaleza que, gracias a su ubicación en lo alto de una colina cercana a la ciudad, ofrece preciosas vistas de toda la bahía. Tampoco se puede abandonar
la isla sin haber comprobado el encanto que envuelve a las Cuevas del Drach, en Manacor.
A la gran belleza natural de las curiosas formas que componen estalactitas y estalagmitas,
de estas cavidades destaca el lago Martel, que sirvió de decorado natural en la película El verdugo, de Luis García Berlanga.
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Atardecer en la cala ibicenca de Compte. |
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Si lo que se busca es un escenario más salvaje en el que desconectar rodeado de naturaleza, entonces el destino debe ser Menorca. La 'Menor' es una isla casi en estado virgen, con más de 200 kilómetros de costa y con cerca de medio millar de monumentos prehistóricos, lo que la convierte en todo un museo al aire libre. Su capital, Mahón, mantiene en la estructura arquitectónica el recuerdo de la presencia británica, cuando la isla estuvo bajo el poder de la corona inglesa.
Por el contrario, si hay alguna isla sobre la que predomine el adjetivo
de cosmopolita, esa es sin duda Ibiza, o la isla Blanca. Famosa en otro
tiempo por ser el lugar preferido de
los abanderados de la cultura hippie
y por sus playas nudistas, hoy en día presenta multitud de posibilidades para todos los públicos que la visitan. En cualquier caso, la noche ibicenca
es protagonista y, tanto su capital como los alrededores, se han convertido en lugar de peregrinación para los apasionados de los ambientes festivos.
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Vista de Palma desde el Castillo de Bellver. |
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A pesar de su menor tamaño, Formentera y Cabrera esconden una gran riqueza ecológica de flora
y fauna. La primera sí está habitada
y ofrece lugares de enorme belleza natural, como Las Salinas y Cala Sabina. Visitar Cabrera, sin embargo, supone algo más que el simple deseo de hacerlo, ya que es necesario un permiso del ICONA (Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza ). La isla y los islotes que la rodean fueron declarados en 1991 Parque Natural Marítimo y Terrestre, por lo que sus visitas están controladas y limitadas. El acceso a la isla se hace únicamente por el puerto de Cabrera y, aunque las zonas permitidas no son muchas, merecen la pena.
Gastronomía autóctona:
original y variada
El archipiélago se enorgullece de contar con productos gastronómicos más que conocidos en todo el mundo, tales como la sobrasada, la salsa mahonesa o la ensaimada. Otros, aunque no tan extendidos, destacan igualmente por su excelente calidad y originalidad en su elaboración. En Mallorca se puede degustar la porcella, una sopa hecha con carne de cerdo, o el tumbet, con berenjena y patatas. En Menorca el arroz con langosta y la perdiz menorquina y en Ibiza, la burrida de ratjada, entre otros sabrosos platos. Para acompañarlos, nada mejor que recurrir a los vinos originarios de la zona.
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Playa de S´Illot d´Es Renclí, en Ibiza. |
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Al aire libre
El archipiélago constituye uno de los mejores ejemplos para practicar cualquier tipo de deporte, ya sea náutico o de montaña. Senderismo, descenso de cañones o escalada permiten descubrir los llamativos parajes de las islas. La sierra de la Tramontana en Mallorca, el Camí de Cavalls en Menorca, o rutas en bicicleta por Ibiza y Formentera son algunos ejemplos. El buceo, la pesca, el windsurf o la vela son excelentes opciones si se decide practicar, por el contrario, algún deporte acuático.