Nuevos tiempos, nuevos retos
CLH ha llevado a cabo una importante ampliación de sus infraestructuras en el aeropuerto de Barajas para satisfacer la demanda de la nueva Terminal.
El aeropuerto de Madrid-Barajas ha crecido. Mejor dicho, ha duplicado su tamaño. La nueva Terminal 4 permite aumentar considerablemente el tráfico aéreo, algo que no sólo afecta al número de vuelos sino también a un incremento en los servicios imprescindibles para garantizar el correcto funcionamiento del aeropuerto. El suministro de carburante a los aviones es uno de ellos
y es aquí donde entra en juego CLH y su filial de infraestructuras aeroportuarias, CLH Aviación.
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El supervisor Mitchel A. Hill, en el exterior del nuevo edificio modular de la compañía en la T-4.
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Con la Nueva Área Terminal de Barajas, que se inauguró el 5 de febrero, se estima que el aeropuerto llegará a operar 120 vuelos a la hora, una cifra que lo convierte en el cuarto más importante de Europa. Para hacer frente a este incremento de la demanda de combustible, la compañía ha acometido importantes actuaciones de infraestructuras con una inversión cercana a los 15 millones de euros.
Larga trayectoria
Los rumores de ampliación comenzaron a sonar hacia 1995. Por aquel entonces Manuel Álvarez ya era jefe de instalación en Barajas y no podía imaginar que su aeropuerto se iba a convertir en “la enormidad que es ahora”. Desde entonces hasta la fecha de puesta en marcha han pasado muchas cosas, momentos mejores y peores que ahora ya forman parte del pasado.
“Ha sido una labor muy dura y de mucho esfuerzo; hubo días en los que pensábamos que no llegaríamos a tiempo, pero al final CLH estaba lista para operar el pasado mes de diciembre”, comenta.
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El abastecedor Juan Carlos García Ladero coloca
la manguera para el repostaje de un avion. |
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El proyecto, liderado por Antonio Feijóo, director general de CLH Aviación, ha tenido varias fases, aunque la más intensa se produjo a partir de abril de 2005. Anteriormente la compañía, con la ayuda de Francisco Cortés y la subdirección de Ingeniería, ya había colaborado con AENA en la definición del proyecto y posterior ejecución, instalado las tuberías que conectaban la estación de bombeo con la nueva área y construido gran parte de los nuevos equipos de la propia instalación, como la nueva estación de bombeo. “Al principio tuvimos dificultades porque un aeropuerto tiene normas que no se pueden dejar de cumplir y eso nos hacía ir más despacio de lo deseado. Pero la profesionalidad y el trabajo de todos nos llevaron a solventar los contratiempos y a cumplir nuestro cometido, incluso antes de los plazos fijados”, señala Manuel.
Esto fue posible gracias a los técnicos de CLH Aviación en Barajas, Natalia García, Luis Alonso e Ibón Ibarrola, así como a Cristina Jaraba y Manuel Fuente, presentes en la puesta en marcha de este proyecto. Para Natalia, la planificación fue una de las claves del éxito: "Lo primero fue plantear qué operaciones iban a estar en la nueva Terminal y cuáles se mantendrían en el viejo Barajas; a partir de ahí empezamos a distribuir los medios, tanto técnicos como humanos, para poder llevar a cabo las tareas". Un ejemplo de esto es el edificio modular destinado a los más de 90 empleados que trabajan en la Nueva Área Terminal y que se construyó, con la intervención de Julián Sánchez, en un tiempo récord para que estuviera listo antes de la inauguración.
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La T-4 permitirá aumentar
el tráfico aéreo. |
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Red de hidrante
Este nuevo Barajas es, sin duda, uno de los aeropuertos más modernos y funcionales del mundo. Y también su sistema de suministro, formado por una red de hidrante que alcanza los 28.000 metros de longitud. Este entramado de tuberías subterráneas sirve para conducir el combustible desde la estación de bombeo hasta los puntos de abastecimiento donde se cargan las aeronaves.
Se trata de un sistema que aporta múltiples ventajas sobre las tradicionales unidades repostadoras, todavía presentes en el resto de terminales de Barajas y exclusivos en aeropuertos más pequeños. El hidrante permite llevar el combustible de aviación, Jet A-1, hasta el mismo avión, ya que las tomas se encuentran situadas en las plataformas de estacionamiento. La calidad del producto está garantizada gracias a complejos sistemas de control, que ofrecen, además, diferentes datos, como caudal, presión, temperatura o el estado de la protección catódica de la tubería, que ayudan a optimizar su transporte.
Al tiempo, las tuberías evitan el tráfico rodado de camiones con combustible ya que las tomas del hidrante -pits- requieren de unos vehículos mucho más pequeños y ligeros, conocidos como dispensers, para realizar el suministro a los aviones. Asimismo, la red está configurada en forma de lazos, un diseño que facilita seccionar distintas zonas, permitiendo dejar posiciones fuera de servicio en caso de avería o revisión mientras el resto opera con normalidad. En los kilómetros de tubería que se han incorporado a la red de hidrante existen un total de 301 tomas de combustible, 142 en el Dique y 159 más en el edificio Satélite, que abastecen a 146 posiciones de estacionamiento de aeronaves. "Para darse cuenta de sus magnitudes hay que tener presente que en 1994 había en Barajas poco más de 70 pits, mientras que ahora existen casi 500 entre la parte nueva y la antigua", destaca el jefe de la instalación.
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Ibón Ibarrola, técnico de explotación. |
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Un motor más potente
Para impulsar el Jet A-1 desde los depósitos de la instalación de almacenamiento de Barajas hasta la red de hidrante se necesita un equipo que ofrezca garantías. Por ello, ante las nuevas necesidades del aeropuerto y después de realizar los pertinentes estudios hidráulicos, la compañía optó por construir una estación de bombeo adecuada al volumen de movimientos que en el futuro iba a requerir el aeropuerto.
Esta estación está formada por cuatro bombas que aportan un caudal nominal de 550 metros cúbicos a la hora cada una y que disponen de los últimos mecanismos en materia de control. Antes de llegar a las tuberías, el combustible pasa por un avanzado sistema de filtración que garantiza el cumplimiento de los estándares de calidad establecidos. Con la nueva maquinaria, la capacidad máxima de bombeo de la estación se ha duplicado, llegando a los 4.500 metros cúbicos de punta a la hora.
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Raúl Garrido, abastecedor. |
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Cerebro digital
Tanto la estación de bombeo como los equipos que vigilan la red de hidrante están conectados a la sala de control. Desde aquí se supervisan las dos actividades principales de CLH Aviación en Barajas, que son la gestión de infraestructura centralizada -control de las instalaciones fijas, como hidrante, tanques y estación de bombeo- y la puesta a bordo -repostaje de aviones-. La compañía tiene previsto, a lo largo de este año, adecuar y modernizar la sala para separar ambas actividades dentro de la misma.
El principal elemento de este edificio es la consola, una especie de cerebro central que proporciona al operador toda la información necesaria para poder llevar a cabo un seguimiento absoluto sobre el sistema. CLH Aviación ha dispuesto los medios más avanzados tecnológicamente para garantizar el control de toda la red de hidrante, así como la calidad del Jet A-1 y la seguridad en las operaciones de suministro. "Ahora mismo, en la nueva Terminal estamos en el máximo nivel de automatización que puede haber", comenta Álvarez.
Suministro y seguridad
La seguridad es otro de los aspectos que se ha tenido muy presente a la hora de adecuar las infraestructuras. "El sistema contra incendios de toda la instalación se ha modernizado y actualizado con nuevos equipos que permiten hacer frente a posibles incidentes con mayores garantías", apunta Natalia García.
La actividad de la compañía en los aeropuertos debe funcionar como un reloj. Cualquier fallo que se produzca en el suministro de carburante tiene importantes repercusiones que se traducen en retraso de vuelos, pérdidas económicas y el inherente daño a la imagen de CLH. Esto adquiere todavía más relevancia cuando se trata de un aeropuerto como el de Barajas, que mueve más de ocho millones de litros de combustible al día mientras que el siguiente aeródromo nacional no llega a los tres millones.
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Natalia García, jefa de explotación de la planta. |
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Así, para garantizar el suministro en caso de imprevistos, como la interrupción general del servicio eléctrico, se ha instalado un potente grupo electrógeno capaz de mantener en funcionamiento dos grupos de bombeo que proporcionan un caudal de 1.200 metros cúbicos a la hora.
Vuelta a la normalidad
Después de un estreno complicado pero con resultados más que satisfactorios, todavía queda trabajo por hacer, como solucionar los problemas que van surgiendo en el día a día. "Para los abastecedores lo más costoso ha sido ubicarse en una zona desconocida y mucho más grande. Para los técnicos de explotación fue poner en servicio todo aquello, ya que teníamos que continuar con las operaciones del aeropuerto durante el traslado y, al mismo tiempo, formar al personal", señala Luis Alonso.
En cuanto al futuro inmediato, Manuel Álvarez adelanta que "pasa por consolidar la nueva zona, mientras que las próximas inversiones irán dirigidas a las instalaciones fijas", principalmente a modernizar la sala de control. "Aunque todavía queda mucho por hacer, lo que es seguro es que todos seguiremos al pie del cañón aportando nuestro granito de arena a la compañía", añade Luis.